jueves, 14 de noviembre de 2013

ADAPTACIÓN DE UN CUENTO

ADAPTACIÓN DEL CUENTO: TODA CLASE DE PIELES

Había una vez un rey y una reina que vivían junto a su hija, la princesa Adriana. La princesa era una joven muy risueña, cariñosa y bondadosa. Le encantaba fantasear, y se podía pasar las tardes enteras leyendo libros de amor. Ella se paraba a pensar en muchas ocasiones cómo sería su príncipe azul.

Al cumplir 18 años, sus padres le dieron la noticia de que se tenía que casar con el príncipe de la ciudad vecina. A ella, no le gustó nada la idea que sus padres le escogiesen marido, ya que siempre soñó con casarse por amor y con el hombre de su vida.

La princesa Adriana, ante tal noticia, buscó una solución para retrasar la fecha del enlace, y pidió a sus padres tres anillos, con piedras preciosas con forma de estrella. Uno, con un zafiro azul, otro con un rubí, y el último con una esmeralda. Éstas piedras preciosas eran únicas en el mundo y muy difíciles de conseguir, y la princesa pensó que a sus padres les llevaría mucho tiempo encontrarlas. Así fue, los soldados al servicio de los reyes recorrieron muchos países y, al cabo de un año y medio, regresaron a palacio con las joyas que la princesa había solicitado. Tras haber satisfecho el deseo de su hija, le hicieron saber que la fecha de la boda tendría lugar al día siguiente.

La princesa Adriana no vió otra alternativa que huir de palacio. Para pasar desapercibida, se vistió de sirvienta, cogió las joyas, y huyó a toda prisa por la puerta de servidumbre, sin que nadie la viese. Atardeció, y la princesa se adentró en el bosque. No llevaba brújula y para orientarse y evitar dar vueltas innecesarias alrededor de palacio, fue marcando su camino de forma estratégica con piedras, para que nadie pudiera seguir su rastro. Pasó varias noches sufriendo penurias, dormía a ras de suelo, no comía, y pasaba mucho frío, ya que por las noches helaba. Nunca antes se hubiera imaginado que tendría que pasar por esta situación, debido a que en palacio vivía llena de comodidades.

Una mañana se despertó por aullidos y, a los pocos segundos, cuando trató de huir del lugar, se vió acorralada por una manada de lobos. Sus gritos y sollozos alertaron a una joven princesa llamada Carolina, que montaba a caballo a escasos metros. Los lobos temían a los caballos y salieron despavoridos del lugar. La princesa Carolina, rápidamente, se bajó del caballo y fue a socorrer a Adriana quien presentaba un aspecto lamentable, debido a que su cuerpo estaba lleno de rasguños, su ropa estaba hecha arapos y caminaba descalza. Ante las preguntas de Carolina, ella se hacía la aturdida. No podía contarle la verdad ya que nadie podía enterarse que había huido de palacio. Carolina era una muchacha buena y humilde. Le costaba trabajo dejar a Adriana en el bosque en esas condiciones, y decidió llevarla a su palacio para que trabajase como modista.
En dos meses, el príncipe, hermano mayor de Carolina, se casaba. Para que eligiese mujer, se iban a celebrar bailes en palacio durante tres noches.
Adriana, tras mucho esfuerzo, sacó adelante los tres trajes que tenía que confeccionar al príncipe. Tenía especial interés en conocerle ya que su hermana, no hablaba más que maravillas de él.
Las dos princesas se habían hecho muy amigas. A un día del primer baile, Carolina decidió invitar a Adriana a los bailes y le regaló unas telas de seda para que se hiciese unos vestidos, uno para cada día. Esa noche, Adriana no descansó hasta que los terminó.
La gran noche llegó, y Adriana subió a la habitación del príncipe los tres trajes que le había confeccionado. Adriana se vistió, peinó su larga melena y se presentó en el baile. La princesa Carolina se quedó admirada, ¡parecía una princesa! Adriana brilló esa noche y bailó con el príncipe, quien sólo tenía ojos para ella.

Al llegar a la habitación después del baile, el príncipe, al meter la mano en el bolsillo del traje notó algo y sacó una sortija con un zafiro azul. El príncipe se quedó dubitativo toda la noche, pensando en el misterio de la sortija y en aquella muchacha que le había robado su corazón. El príncipe, a la mañana siguiente, hizo llamar a su hermana. Le preguntó sobre aquella muchacha tan bella que había llevado a palacio, de la que se enamoró. Ella sólo le dijo que la tenía más cerca de lo que él se podía imaginar.

En el segundo día de baile, Adriana siguió captando la atención del príncipe y éste, pidió volver a bailar con ella. Ya en su habitación, el príncipe se acordó del misterio de la sortija y rápidamente se apresuró a buscar algo en su bolsillo. Ahí estaba, otra sortija con un rubí en forma de estrella.

El último día del baile llegó, y el príncipe estaba deseoso de ver de nuevo a Adriana. Esa noche se propuso estar bien atento para resolver el misterio de la sortija. Sin embargo, Adriana no fue al baile porque la reina le había encargado un vestido que tendría que tener listo para la mañana siguiente. La princesa Carolina comprendió que esa noche no pudiese ir su amiga y sintió que su hermano y ella no se viesen. El príncipe echó de menos a Adriana.
Esa noche el príncipe, tras bailar con todas las chicas, se metía la mano en el bolsillo de su traje para ver si resolvía el enigma, pero no encontró nada. Antes de medianoche, cuando debía elegir a quien sería su futura esposa, decidió ir a la sala de costura para encontrar alguna pista. Allí se encontraba Adriana que estaba de espaldas. El príncipe se fijó en la sortija que portaba la muchacha. Tenía una esmeralda en forma de que brillaba con mucha intensidad. Al acercarse y cogerla la mano, se llevó una gran sorpresa, era ella, la mujer que le había robado el corazón.

En ese momento, el príncipe la agarró de la mano, le miró a los ojos, y le pidió que fuese su mujer. Se casaron, vivieron felices y comieron perdices.

FIN


Este cuento está dirigido a niños de tercer ciclo de primaria (de 9 a 12 años).
He mantenido el esquema original del cuento:
  • La princesa vive la infancia dentro del núcleo familiar, junto a su padre y madre.
  • El personaje abandona la unidad familiar, y tiene que hacer frente a peligros del mundo exterior.
  • Al final de la historia, el personaje llega a la edad adulta, cuando se casa.


Cambios realizados:

He decidido poner nombre al personaje principal, la princesa Adriana, para que a los niños les resulte fácil identificarlo. Este personaje es risueño, humilde y generoso. Son valores que considero importantes y con los que los niños se pueden identificar.

He modificado el principio del cuento, manteniendo a la madre viva, ya que, hasta la pre-adolescencia, los niños no tienen consciencia plena sobre el tema de la muerte.

He puesto la edad con la que la protagonista se tenía que casar, la mayoría de edad.

La princesa no se debía de casar con su padre si no con un príncipe. Que una hija tenga que casarse con su padre, es un tema que chocaría a los niños de estas edades.

Para retrasar la fecha de la boda, los objetos que manda buscar la princesa son tres anillos con piedras preciosas en forma de estrella, en lugar de tres vestidos y el abrigo de distintas pieles. He decidido incorporar éstos, ya que los niños suelen relacionar las joyas con las princesas.

La forma en la que la princesa huye de palacio también la he modificado. Huye vestida de sirvienta para pasar desapercibida.

He incorporado un personaje, la princesa Carolina, que es quien se encarga de ayudar a Adriana. Llegan a convertirse en muy buenas amigas. Los niños pueden encontrar momentos en los que pasen por dificultades, pero siempre encontrarán a alguien que les puedan echar una mano y con quien creen una buena amistad.

La princesa Adriana, en vez de ser cocinera, era modista y se encargaba de realizar los trajes al príncipe. Los niños con esta edad pueden apreciar lo que es el esfuerzo. Entienden que las cosas no se aprenden solas y que requieren de tiempo y esfuerzo. La protagonista refleja en la historia un ejemplo de “superación”.

La princesa Adriana será invitada por la princesa Carolina al bailé. Los vestidos los confeccionará ella, con las telas que le regalan.

La princesa Adriana coloca, las dos primeras noches, dos de sus anillos en el bolsillo del príncipe.

He decidido que la princesa no acudiese al baile la última noche, para dar un poco de emoción a la trama,  y que fuese el príncipe quien llegara a ella, a través de las pistas que le dejaba.