Adaptación del cuento: Toda clases de pieles
Había una vez
un rey y una reina que vivían junto a su hija, la princesa Adriana. La princesa
era una joven muy risueña, cariñosa y bondadosa. Le encantaba fantasear, y se
podía pasar las tardes enteras leyendo libros de amor. Ella se paraba a pensar
en muchas ocasiones cómo sería su príncipe azul.
Al cumplir 18
años, sus padres le dieron la noticia de que se tenía que casar con el príncipe
de la ciudad vecina. A ella, no le gustó nada la idea que sus padres le
escogiesen marido, ya que siempre soñó con casarse por amor y con el hombre de
su vida.
La princesa
Adriana, ante tal noticia, buscó una solución para retrasar la fecha del
enlace, y pidió a sus padres tres anillos, con piedras preciosas con forma de
estrella. Uno, con un zafiro azul, otro con un rubí, y el último con una
esmeralda. Éstas piedras preciosas eran únicas en el mundo y muy difíciles de
conseguir, y la princesa pensó que a sus padres les llevaría mucho tiempo
encontrarlas. Así fue, los soldados al servicio de los reyes recorrieron muchos
países y, al cabo de un año y medio, regresaron a palacio con las joyas que la
princesa había solicitado. Posteriormente, Adriana pidió a sus padres tres
vestidos de telas muy finas en color rubí, esmeralda y azul, que hicieran juego
con los anillos que pidió, pensando que serían
casi imposibles de conseguir.
Aproximadamente, al año, los vestidos fueron entregados a la princesa y
sus padres, tras haber satisfecho sus deseos, le hicieron saber que la fecha de
la boda tendría lugar al día siguiente.
La princesa
Adriana no vió otra alternativa que huir de palacio. Para pasar desapercibida,
se vistió de sirvienta, cogió las joyas, y huyó a toda prisa por la puerta de
servidumbre, sin que nadie la viese. Atardeció, y la princesa se adentró en el
bosque. No llevaba brújula y para orientarse y evitar dar vueltas innecesarias
alrededor de palacio, fue marcando su camino de forma estratégica con piedras,
para que nadie pudiera seguir su rastro. Pasó varias noches sufriendo penurias,
dormía a ras de suelo, no comía, y pasaba mucho frío, ya que por las noches
helaba. Nunca antes se hubiera imaginado que tendría que pasar por esta
situación, debido a que en palacio vivía llena de comodidades.
Una mañana se
despertó por aullidos y, a los pocos segundos, cuando trató de huir del lugar,
se vió acorralada por una manada de lobos. Sus gritos y sollozos alertaron a
una joven princesa llamada Carolina, que montaba a caballo a escasos metros.
Los lobos temían a los caballos y salieron despavoridos del lugar. La princesa
Carolina, rápidamente, se bajó del caballo y fue a socorrer a Adriana quien
presentaba un aspecto lamentable, debido a que su cuerpo estaba lleno de
rasguños, su ropa estaba hecha harapos y caminaba descalza. Ante las preguntas
de Carolina, ella se hacía la aturdida. No podía contarle la verdad ya que
nadie podía enterarse que había huido de palacio. Adriana trató de esconder los
vestidos que llevaba metidos en un saco,
y consiguió que Carolina no se diese ni cuenta. Carolina era una
muchacha buena y humilde. Le costaba trabajo dejar a Adriana en el bosque en
esas condiciones, y decidió llevarla a su palacio para que trabajase como
modista.
En dos meses,
el príncipe, hermano mayor de Carolina, se casaba. Para que eligiese mujer, se
iban a celebrar bailes en palacio durante tres noches.
Adriana, tras
mucho esfuerzo, sacó adelante los tres trajes que tenía que confeccionar al
príncipe. Tenía especial interés en conocerle ya que su hermana, no hablaba más
que maravillas de él. Para entonces, las dos princesas se habían hecho muy
amigas.
A un día del
primer baile, Adriana le dio vueltas y vueltas a su cabeza para idear un plan para asistir a los bailes.
La gran noche
llegó, y Adriana subió a la habitación del príncipe los tres trajes que le
había confeccionado. Ese día, fingió estar enferma para no levantar
sospecha. Adriana se vistió con el
vestido color esmeralda, peinó su larga melena y se presentó en el baile.
Brilló esa noche como ninguna y bailó con el príncipe, quien sólo tenía ojos
para ella.
Al llegar a
la habitación después del baile, el príncipe, al meter la mano en el bolsillo
del traje notó algo y sacó una sortija con una esmeralda. El príncipe se quedó
dubitativo toda la noche, pensando en el misterio de la sortija y en aquella
muchacha que le había robado su corazón. Carolina se mostró preocupada por su
amiga Adriana y se quedó en el intento de ir a verla ya que era muy tarde y no
quería despertarla.
En el segundo
día de baile, Adriana siguió haciéndose la enferma. Carolina a primera hora de
la mañana se acercó a la habitación y le explicó con todo detalle lo que había
sucedido en el baile. Le comentó que su hermano se había enamorado de una chica
que llevaba un vestido espectacular. Adriana en ese momento sonrió. Por la
noche, Adriana siguió captando la atención del príncipe y éste, pidió volver a
bailar con ella. En esta ocasión se puso el vestido de color rubí. Ya en su
habitación, el príncipe se acordó del misterio de la sortija y rápidamente se apresuró
a buscar algo en su bolsillo. Ahí estaba, otra sortija con un rubí en forma de
estrella. La princesa Adriana se apresuró en llegar a la habitación ya que
Carolina la había prometido ir a visitarla. A los pocos minutos de meterse en
la cama, llegó Carolina para informarla
de la muchacha del vestido de color rubí que había bailado con su hermano.
El último día
del baile llegó, y el príncipe estaba deseoso de ver de nuevo a Adriana. Esa
noche se propuso estar bien atento para resolver el misterio de la sortija. Sin
embargo, Adriana no fue al baile porque la reina le había encargado un vestido
que tendría que tener listo para la mañana siguiente. El príncipe echó de menos
esa noche la echó de menos.
Esa noche el
príncipe, tras bailar con todas las chicas, se metía la mano en el bolsillo de
su traje para ver si resolvía el enigma, pero no encontró nada. Antes de
medianoche, cuando debía elegir a quien sería su futura esposa, decidió ir a la
sala de costura para encontrar alguna pista. Allí se encontraba Adriana que
estaba de espaldas. El príncipe se fijó en la sortija que portaba la muchacha.
Tenía una sortija con un zafiro azul en
forma de estrella que brillaba con mucha intensidad. Al acercarse y cogerla la
mano, se llevó una gran sorpresa, era ella, la mujer que le había robado el
corazón.
En ese
momento, el príncipe le miró a los ojos, y le pidió que fuese su mujer. Al rato
llegó Carolina y encontró a su amiga Adriana y su hermano. Rápido se dio cuenta
que aquella mujer de gran belleza que acudió al baile era Adriana. No podía estar más feliz por ellos.
Se casaron,
vivieron felices y comieron perdices.
FIN
Este cuento
está dirigido a niños de tercer ciclo de primaria (de 9 a 12 años).
He mantenido
el esquema original del cuento:
·
La princesa vive la infancia dentro del
núcleo familiar, junto a su padre y madre.
·
El personaje abandona la unidad
familiar, y tiene que hacer frente a peligros del mundo exterior.
·
Al final de la historia, el personaje
llega a la edad adulta, cuando se casa.
Cambios
realizados:
He decidido
poner nombre al personaje principal, la princesa Adriana, para que a los niños
les resulte fácil identificarlo. Este personaje es risueño, humilde y generoso.
Son valores que considero importantes y con los que los niños se pueden
identificar.
He modificado
el principio del cuento, manteniendo a la madre viva, ya que, hasta la
pre-adolescencia, los niños no tienen consciencia plena sobre el tema de la
muerte.
He puesto la
edad con la que la protagonista se tenía que casar, la mayoría de edad.
La princesa
no se debía de casar con su padre si no con un príncipe. Que una hija tenga que
casarse con su padre, es un tema que chocaría a los niños de estas edades.
Para retrasar
la fecha de la boda, los objetos que manda buscar la princesa son tres anillos
con piedras preciosas en forma de estrella, y tres vestidos, en lugar del
abrigo de distintas pieles. He decidido incorporar éstos, ya que los niños
suelen relacionar las joyas y vestidos espectaculares con las princesas.
La forma en
la que la princesa huye de palacio también la he modificado. Huye vestida de
sirvienta para pasar desapercibida.
He
incorporado un personaje, la princesa Carolina, que es quien se encarga de
ayudar a Adriana. Llegan a convertirse en muy buenas amigas. Los niños pueden
encontrar momentos en los que pasen por dificultades, pero siempre encontrarán
a alguien que les puedan echar una mano y con quien creen una buena amistad.
La princesa
Adriana, en vez de ser cocinera, era modista y se encargaba de realizar los
trajes al príncipe. Los niños con esta edad pueden apreciar lo que es el
esfuerzo. Entienden que las cosas no se aprenden solas y que requieren de
tiempo y esfuerzo. La protagonista refleja en la historia un ejemplo de
“superación”.
La princesa
Adriana coloca, las dos primeras noches, dos de sus anillos en el bolsillo del
príncipe.
He decidido
que la princesa no acudiese al baile la última noche, para dar un poco de
emoción a la trama, y que fuese el príncipe quien llegara a ella, a
través de las pistas que le dejaba.
Perfecto.
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